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Regalos caseros para mi novia en su cumpleaños


Eva notó ganas de llorar.
Lo indudable es que si en el día se presenta alguna señora con el traje de la dama del retrato, ocasiona un motín, pues desde el talle (que nacía casi en el sobaco) solo la velaban leves ondas de gasa diáfana, señalando, mejor que cubriendo.
El caso es que yo en seguida creí firmemente que era gran verdad eso que a cupon de la once dia 28 enero 2018 todos les parecía el colmo de lo absurdo!
La pobrecilla parece que no tuvo tiempo ni de dar un grito, porque el golpe segó la carótida.Y la suerte, que acaso me negaría la victoria si la victoria realmente me importase, me la concedió, por lo mismo que al concedérmela me echaba encima un remordimiento.Poco a poco, jueves tras jueves, fui tomándome un interés egoísta en la solución del problema.Había ideas y recelos que enloquecían al soñador amante.De día, desde las seis de la mañana, al pie del cañón, haciendo limpiar y asear, pesando, despachando, cobrando; de noche, compulsando registros, copiando facturas, contestando cartas, y así, sin descanso ni más intervalo que el de algún corto viaje a Barcelona y Madrid.El ángel se dirigió hacia la ciudad.Y por entonces hube de contentarme, acudiendo a mi fantasía para desenvolver las ideas inspiradas por el retrato.Tienda y portal estaban llenos de un humo acre, asfixiante.La vehemencia de aquel súbito antojo era tal, que si no fuese porque pasaba gente, creo que me dejo caer de rodillas a los pies del dominó.Aquellas páginas tiernas y sencillas, que debían consolar a Teodoro, le causaron, por el contrario, una inquietud profunda.Hasta llegar a la iglesia.De quién es otra fotografía de mujer, colocada enfrente, sobre el piano?El muy maldito se disolvió en los átomos del aire, y envuelto en ellos se le metió en boca y pulmones, de modo que Eva se pasó el día respirándole, exaltada, loca, con una fiebre muy semejante a la que causa la atmósfera sobresaturada.Esbelta; de tez finísima y aceitunada; de ojos de gacela, tristes, almendrados e inmensos; de cabellera azulada a fuerza de negror y repartida en dos trenzas de esterilla a ambos lados del rostro, la gitana estaba reclamando un pintor que se inspirase en su figura.Me estrechó, y sonriendo en medio de su angustia, balbuceó a mi oído: -El curandero ha muerto.Era ni más ni menos que una gatita blanca como la nieve, que fijaba en el ratoncillo sus anchas pupilas de esmeralda.
Hay, sin embargo, una excepción a esta regla general, y es la chifladura por reunir sellos de correos.
Los demás la juzgamos por meras conjeturas.



Según educaríamos a una hija, si la tuviésemos.

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